Lo que nos deja la cumbre humanitaria mundial

Publicado el 2016-12-08 » 702 Views» Por Jorge Romón » Derecho Humanitario, Derechos Humanos, Desarrollo

"Opening Ceremony" World Humanitarian Summit vía Flickr (CC BY-ND 2.0)

“Opening Ceremony” World Humanitarian Summit vía Flickr (CC BY-ND 2.0)

El 23 y 24 de marzo de este año se desarrolló en Estambul (Turquía) la primera Cumbre Humanitaria Mundial, un evento de máxima importancia para el planeta y en particular para las organizaciones que trabajan en el sector humanitario. Sus debates se centraron en cinco aspectos:

  1. Prevenir los conflictos y ponerles fin.
  2. Respetar las normas de la guerra.
  3. No dejar a nadie atrás.
  4. Trabajar de manera diferente para acabar con las necesidades.
  5. Invertir en humanidad.

Meses después de esta reunión, el 28 de octubre, el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) organizó junto a la Obra Social “La Caixa” unas jornadas sobre los “retos de la acción humanitaria en el escenario internacional: hoja de ruta tras la Cumbre Humanitaria Mundial”. A continuación resumo los aspectos abordados en ese encuentro, que se organizó con el fin de reflejar la complejidad del contexto global, la crisis del sistema humanitario, algunos resultados de la cumbre y los retos a futuro.

“No se puede hacer más con menos, simplemente se hace menos”.
Jesús Núñez Villaverde – Codirector del IECAH

Sin dudas, la Cumbre Humanitaria Mundial es de gran importancia para el planeta. En la actualidad hay “cerca de 35 conflictos armados activos y más de 66 millones de personas refugiadas y desplazadas”. Esto se dice pronto, pero son cifras increíbles. Si estas personas conformasen un país, tendrían una población similar a la de Francia o Reino Unido. Por tanto, la pertinencia de esta cumbre es evidente, de hecho la pregunta sería: ¿por qué no se hizo antes? El problema es complejo y multifactorial, el panorama lamentablemente es poco alentador.

La cumbre es una respuesta al aumento exponencial de la vulnerabilidad, cada vez son más frecuentes los conflictos de gran violencia que se prolongan en el tiempo y mantienen ciclos recurrentes, con formas novedosas y creativas de ejercer violencia, que se adaptan y crecen con gran rapidez; a esto se suma una serie de acontecimientos globales como el cambio climático o las concentraciones de personas en zonas urbanas.

En líneas generales todos los ponentes aceptaron que la cumbre es importante y representa un paso necesario para mejorar la atención humanitaria, pero que no es suficiente. También coincidieron en que ésta no generó cambios reales. Se habló de centrarse en las personas, pero no se acompañó de iniciativas que permitiesen llevar a la práctica las transformaciones institucionales necesarias para ello.

Muchas voces plantearon la necesidad de un cambio en el interior de las Naciones Unidas, lo que requiere fuertes presiones y acciones de lobby en el seno de los gobiernos europeos. Esto contrasta con los problemas de financiación de las organizaciones humanitarias y la dependencia de los recursos públicos.

Por otro lado, se plantearon debates interesantes sobre los valores y principios humanitarios. La Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA por sus siglas en inglés) llegó a plantear que el sistema humanitario debería volcarse a la prevención de riesgos, sin embargo, la realidad de las organizaciones en la cumbre puso de manifiesto una visión distinta: el 80% de los recursos humanitarios está destinado a atender conflictos. Por supuesto que hay que potenciar acciones encaminadas a la gestión de riesgos, pero es urgente atender las emergencias humanitarias.

 

Retos locales y globales

Otro aspecto interesante del debate radica en la distinción entre trabajo humanitario y desarrollo, la necesidad de abrir espacios para discutir las funciones de cada área con la intención de no duplicar esfuerzos innecesariamente. Sara Pantuliano, de la ODI (Overseas Development Institute) afirmó que el sector se queda corto y que, desde la perspectiva de las personas que reciben la ayuda, “no se está haciendo un buen trabajo”, no se han abordado aspectos sobre la política y el poder, algo que refleja una fuerte crisis de legitimidad del sistema humanitario. Lo que nos lleva a hablar de un “cambio en el paradigma de la atención humanitaria”.

Destaca para el caso sirio (ejemplo que se adapta a otras latitudes) el papel de las organizaciones locales. En situaciones de conflictividad extrema las organizaciones internacionales aplican protocolos de seguridad y salen de las zonas de peligro. Las organizaciones locales son las que persisten de forma constante: antes, durante y después de la crisis. Sin embargo, su respuesta parece ser “menos legítima” que la de los organismos internacionales, lo que genera una fuerte frustración en quienes trabajan en el ámbito más local. Es importante sincerarse sobre quién está más capacitado para responder en ciertas circunstancias y permitir un uso más eficaz de los recursos.

La cumbre adoptó ciertos compromisos con las organizaciones locales al reconocer ciertos problemas comunes, tales como la entrega de informes a diferentes financiadores de un mismo proyecto, la necesidad de dejar una capacidad instalada en las zonas intervenidas, la formación del personal (en muchas ocasiones las organizaciones internacionales “captan” y contratan a personas habilidosas que trabajan en el ámbito local, y que terminan desplazándose a otros lugares,   algo que está en bien en el plano individual, pero que resta capacidad de acción y potencial humano en las regiones afectadas). Se habló de un consenso humanitario, pero no quedó claro en qué consistía.

Algunas ideas relevantes para atender esta situación podrían ser: generar un sistema que unifique la revisión y entrega de informes, así como la ejecución de recursos, de tal forma que ante un mismo proyecto que tenga diferentes financiadores, los ejecutores sólo elaboren un documento y puedan concentrar esfuerzos en la atención que estén desarrollando. Se está trabajando al respecto.

Todo esto representa un cambio de paradigma y para que se lleve a cabo es importante superar ciertas barreras existentes; se planteó, por un lado, la distribución de los recursos, que en las jornadas llegó a adjetivarse como “cártel humanitario” ya que, en algunas ocasiones, se concentra en forma de oligopolios. Es importante destacar el crecimiento de los países emergentes como nuevos donantes, con perspectivas distintas, ambiciosas en muchos casos, que persiguen posicionarse en el sistema global, para así traer enfoques propios que cuestionan el “monopolio” del sistema humanitario.

Se puede observar una compleja dualidad: por un lado la necesidad inmediata de atender las emergencias humanitarias, y por el otro ir generando cambios al interior de las estructuras y establecer nuevas rutas más eficientes. El reto es principalmente político, la respuesta humanitaria debe trascender y dejar de ser una especie de “alivio internacional” ante situaciones desastrosas.

Se deben crear nuevos ecosistemas donde se involucren a todos los actores, generando mayores alianzas y revisando las alternativas de financiación. Aquí habría que destacar el papel del sector privado, no solo en lo económico, sino en el apoyo que puede ofrecer en el terreno, que en muchas situaciones trasciende los límites de la responsabilidad social. El camino es largo y con muchos obstáculos, pero reflexionar sobre estas situaciones nos permite comprender el rol que juega cada actor desde sus propios ángulos de acción.

La vía más rápida para aprender es hacer y ver lo que sucede, equivocarnos y volver a intentarlo las veces que haga falta. Hay que admitir que a veces esto da miedo ya que trabajamos con personas, sin embargo, no dejan de ser más que excusas para no generar cambios.

Amjad Mohamed, perteneciente a la Red de empoderamiento y respuesta a la ayuda (NEAR)


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Sobre el Autor


Psicólogo, especialista en Gobernanza y Derechos Humanos por la Universidad Autónoma de Madrid. Cuenta con experiencia profesional tanto en España como en Colombia, además de haber compartido experiencias académicas en Brasil y Venezuela. Actualmente esta cursando la Especialización en Gerencia Social en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali.