El dilema de la inmigración en la UE

Publicado el 2014-02-26 » 2504 Views» Por Vincenzo Zaccaria » Europa, Migración

Límite fronterizo de la fortaleza europea - fronterasur vía Flickr

Límite fronterizo de la fortaleza europea – fronterasur vía Flickr

El dilema de la inmigración en la UE

El problema de la inmigración en la UE vuelve a estar en el centro de atención debido a la reciente tragedia de Ceuta, que se saldó con trece muertos de los 250 inmigrantes que intentaban cruzar la frontera. Otros episodios, como los precedentes en Ceuta y Melilla, y aquellos en las fronteras de Grecia y Bulgaria con Turquía, también nos recuerdan que éste es un problema que tarde o temprano se debe afrontar. Desde 1998 hasta el 2013 han llegado alrededor de 623.120 personas migrantes a través del mar, con una media de 40.000 personas al año[1].

La inmigración es un fenómeno intrínseco de cada sociedad a través de los tiempos, pensemos en el Imperio Romano o la Sociedad Griega por mencionar un ejemplo lejano, o en países emblemáticos para la inmigración en la actualidad, como son Canadá, Estados Unidos o Australia. En este sentido, es extraño pensar en el Imperio Romano sin el Emperador Adriano de origen español, o en EEUU sin los ítalo-americanos como Frank Sinatra o Robert De Niro, o el actual presidente Barack Obama, de padre keniata.

La principal razón de la inmigración era y sigue siendo la económica. Los últimos acontecimientos han demostrado que no es posible frenar la inmigración ni siquiera con la fuerza naval, ni con leyes como las de Bossi-Fini en Italia, o las de Francia o Reino Unido, que restringen el fenómeno migratorio provocando solo un efecto placebo, que previene los síntomas pero no la enfermedad.

Evidentemente, cuando a unos pocos kilómetros se muere de hambre fácilmente o hay una esperanza de vida de 41 años como sucede en Sierra Leona, Malawi o Liberia; o cuando existen guerras sangrientas y constantes como en Congo, República Centroafricana y Siria, ninguna medida de persuasión o de fuerza es útil para contener el fenómeno de la inmigración.

La desesperación no tiene freno, como prueba el hecho de que los mismos europeos después de la Segunda Guerra Mundial huyeron en masa de la miseria del viejo continente rumbo a países como Estados Unidos, donde eran sometidos a cuarentena antes de poder ingresar como inmigrantes regulares.

La Unión Europea sigue con el mismo leitmotiv, es decir, a pocas horas de ocurridos los hechos declara que el tema es comunitario, de los veintiocho países, pero el día después, al aprobar medidas, se deja una vez más a Italia y España prácticamente solos para hacer frente a estos movimientos masivos de personas. El problema se ha agravado aún más con la denominada primavera árabe y la situación de fuerte inseguridad en Libia y Siria.

Una estrategia interesante fue la que Italia aplicó a partir de 1998 en relación a la migración albanesa. La caída del régimen comunista en Albania, que siguió a las de la Europa Oriental entre 1989 y 1990, provocó un movimiento continuo de personas desde Albania hacia Italia a través de los 72 Km. del Canal de Otranto que lo separa de las costas de la región del Sureste de Apulia.

El episodio más conocido fue narrado por la película L´America, en el que se contaba la historia del barco mercantil Vlora[2], que el 7 de Agosto de 1991 fue asaltado y secuestrado por 20.000 personas en el puerto de Durrës (Albania) para ir a Bari, puerto más cercano, donde fueron alojados en el estadio viejo durante el período estival durante el cual media ciudad y también todo el gobierno estaba de vacaciones.

Los desembarcos clandestinos continuaron de forma constante hasta el 28 marzo 1997, fecha en la cual se hundió el barco albanés Kater i Rades, que provocó 59 muertos, representando la tragedia más grave del Canal de Otranto[3].

Después de este suceso el Gobierno de Centroizquierda presidido por Massimo D’Alema (1998/2000), con la indispensable colaboración y contribución de la Unión Europea, decidió realizar un acuerdo con el Gobierno albanés para evitar nuevas tragedias.

Por un lado, el Gobierno italiano, con el propósito de ayudar al desarrollo de Albania, autorizaba el ingreso de estudiantes universitarios para que continúen su formación y posteriormente utilicen en su país de origen los conocimientos adquiridos. Por otro lado, Gobierno Albanés se comprometía a patrullar sus costas para evitar la salida de nuevos barcos hacia Italia.

A partir de este momento Albania ha registrado un crecimiento y desarrollo económico que lo ha llevado a mejorar su posición hasta el número setenta en el ranking del IDH (índice de desarrollo humano) y a situarse entre los países con un nivel de desarrollo medio-alto.

Este progreso, en el contexto de la actual crisis, ha supuesto un fenómeno contrario[4] con un flujo desde Italia hacia Albania, fomentado también por el llamamiento del primer ministro albanés Edi Rama a las empresas italianas a invertir en su país[5] a cambio de incentivos.

Los pesimistas podrían aducir que el tráfico de drogas o de coches robados continúa a través de este país, o que en términos generales pueden obtener becas solamente los que tengan conexión con el entorno de poder. Pero todavía no existe la estrategia que resuelva todos los problemas. Seguramente hay muchos aspectos mejorables, pero el propósito más importante ha sido conseguido.

El nuevo reto de la Comisión Europea es actuar tomando como ejemplo este modelo que germinó con Italia y no solo anunciar una nueva política migratoria. Es cierto que esto no solucionará el problema de la inmigración ni mucho menos, pero podría ser un primer paso, en lugar de quedarse inerte como un mero espectador, sin hacer nada como hasta ahora ha sucedido. Al menos Italia, en este aspecto ha tenido la iniciativa de proponer una solución alterna que a medio plazo ha logrado resultados óptimos para ambos países implicados.

Como dice el viejo refrán si te doy un pez comerás por un día, pero si te enseño a pescar podrás comer toda la vidaEl desafío está al alcance de la Comisión Europea. Esperemos que no frustre las expectativas que todos depositamos en su accionar.

 

 

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Sobre el Autor


Abogado en España e Italia, ha realizado el Máster en Derecho de la Unión Europea en la Universidad Carlos III de Madrid y el Máster en Derechos Humanos y Gobernanza en la UAM. Hace cinco años se trasladó a estudiar y vivir a España, aunque sigue trabajando en ambos países. Actualmente divide su tiempo entre el ejercicio de la abogacía como autónomo y la colaboración en la Fundación Internacional Baltasar Garzón (FIBGAR).