La hipocresía del aborto

Publicado el 2015-04-15 » 2761 Views» Por Maria Núñez Furió » Archivo, Derechos fundamentales, Libertades fundamentales

Adolfo Lujan /DISO Press vía Flickr

Adolfo Lujan /DISO Press vía Flickr

Hipocresía. Tras muchas lecturas y muchas más horas de reflexión, esa es la palabra que para mí resume la cuestión del aborto. Sí, hipocresía; son muchos los motivos y diferentes las perspectivas que atraviesan el tema que, sin embargo, confluyen en un punto en común: fingir o simular una creencia o posición para después actuar de manera contraria. Si bien a algunos sus imperativos morales les desbordan por la boca y se creen con la misión divina de predicarlos e imponerlos; a otros les gusta disfrazar el conflicto para perder el tiempo en lo accesorio y distraernos del núcleo. No obstante, si el problema les afectara a ellos o a su entorno más próximo no dudarían en lavar los trapos sucios olvidándose de su verborrea y de sus bonitas vestiduras, eso sí, cuando nadie les mire.

A las personas nos gusta disfrazarnos, fingir o interpretar que somos otro, no para intentar comprender o pensar desde otro punto de vista, sino para descansar durante unas horas de nuestras propias incoherencias internas. Las contradicciones entre lo que pensamos, decimos y, finalmente, hacemos es como una pequeña fuga de agua que al principio pasa desapercibida pero, después, siempre aparece la humedad.

Entonces, si hasta los más acérrimos antiabortistas pueden reconocer situaciones que hacen tambalear su inquebrantable moral, ¿por qué hay tanto miedo a llamar  las cosas por su nombre? ¿Por qué no se aborda sin circunloquios la verdadera raíz del debate? ¿Por qué no admitir que cuando discutimos sobre la penalización del aborto estamos hablando de género y del papel de la mujer en la sociedad? Aunque, claro, como decíamos, nos gustan los disfraces y como si de un cuento infantil se tratara, el lobo del patriarcado utiliza sutiles estrategias machistas para fingir que es una inofensiva abuelita. Y lo triste es que demasiadas veces le funciona.

Si cada vez que se retoma el debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo nos distraemos con cuestiones irreconciliables como los derechos del feto, cuándo comienza el derecho a la vida, a qué llamamos ser humano…seguimos sin atender el verdadero conflicto de fondo: reconocer la autonomía de la mujer como un sujeto de derecho y no como un mero objeto biológico. El machismo actual es más etéreo y menos reconocible porque no ataca directamente. No se dice: “Se le prohíbe a la mujer tomar decisiones sobre su propio cuerpo”; lo que se manifiesta es que no tiene la potestad para decidir sobre la potencial vida que engendre. Se le desencarna de su subjetividad para reducirla y someterla a su función reproductiva como si se tratara de una simple intermediaria que no puede ni debe opinar.

Gracias al esfuerzo de nuestras antecesoras, en los países democráticos podemos votar, estudiar y trabajar (cobrando menos por el mismo trabajo, claro); podemos tener nuestros propios bienes, casarnos y divorciarnos; podemos operarnos sin consentimiento del varón, ser donantes de órganos e incluso decidir que harán con nuestro cuerpo después de muertas. Sin embargo, en vida, en pleno siglo XXI, ¿tenemos que pedir permiso para decidir sobre nuestro cuerpo? ¿Son otros quienes resuelven cuando voy a ser madre? ¿Es otra persona la que valora si económica o psicológicamente puedo hacerme cargo de otra vida? En el peor de los casos, y según el atraso legislativo de cada país, ¿son otros los que decretan como justo y obligatorio que dé a luz al fruto de una violación o de una relación forzada?

La respuesta es no, no y no, sin lugar a duda. La historia y las alarmantes cifras de abortos inseguros –más de 21 millones cada año en todo el mundo según la OMS- nos demuestran que la profunda voluntad de la mujer de decidir sobre su propio cuerpo y su propia vida no la frena ni la moral dominante ni las leyes. Aunque estas influyen, y mucho, en el camino escogido para hacerla efectiva y en las consecuencias del mismo.

Las mujeres y los hombres que reclaman el reconocimiento y las garantías de este derecho, piden sencillamente eso: el derecho a decidir; la libertad tanto para continuar con un embarazo como para interrumpirlo sin consecuencias penales. Después, la etiqueta moral que cada uno quiera darle a esa decisión es una manifestación libre que no debe seguir imponiéndose a los demás. Lo que millones de personas reclamamos es que dejemos de ser hipócritas, que desenmascaremos el patriarcado que se esconde detrás del aborto, que es la verdadera cuestión a debatir.

4 Responses to La hipocresía del aborto

  1. Abortar dice:

    Este tema puede ser tan doble moral y asi lo toman muchas personas, muy buen análisis sobre el tema

  2. abortar dice:

    La hipocresia en todos estos temas es lo que acaba con la madurez del terma

  3. abortar dice:

    LA hipocresia siempre esta presente pero debemos ayudarnos entre nosotros

  4. Como abortar dice:

    Interesante propuesta seria indicado revisarla mas a fondo

Responder a abortar Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Sobre el Autor


Periodista especializada en temas sociales y lenguaje audiovisual. Máster en Gobernanza y Derechos Humanos por la UAM. Ha trabajado en medios locales y nacionales (TVE, Elmundo.es) y en gabinetes de comunicación de varias fundaciones. Cuenta con experiencia académica y profesional internacional en Alemania y Ecuador.