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La manipulación informativa en la era global

Publicado el 2014-03-22 » 2359 Views» Por Vincenzo Zaccaria » Archivo, Europa, Transparencia pública

 

Davey Rockwell vía Flickr

Davey Rockwell vía Flickr

 

El falso documental de Jordi Évole sobre el 23F denominado “Operación Palace” ha provocado una marea de polémicas acerca de la posibilidad de burlarse del espectador respecto a un tema considerado serio y, principalmente, en lo referente al deber de la prensa de proporcionar información verídica.

El desafío que ofrecía el programa, sin embargo, no era adivinar si se trataba o no de un falso documental, sino descubrir los elementos verídicos que se habían insertado hábilmente en el cuento inventado. De hecho, ya a los treinta segundos del programa, Jordi Évole, su ideólogo, afirmó que se trataba del proyecto más estimulante en el que había trabajado y que los espectadores eran sus conejillos de India.

Durante los primeros siete minutos, resaltan dos aspectos: el primero, la seriedad tanto en la voz del narrador como en la de los comentaristas y testigos de los hechos. El segundo, la habilidad al explicar las premisas históricas en una situación realmente delicada, poniendo en evidencia el hecho de que aún no se han desclasificado la mayoría de los documentos relativos al asunto por expresa disposición del Tribunal Supremo.

Entre los elementos verídicos mencionados -muchos de los cuales aún permanecen oscuros-, destaca el intento de golpe de Estado Operación Galaxia de Tejero; el discurso del Rey Juan Carlos I y, por último, la dimisión de Adolfo Suárez.

Al final del documental aparece la confesión de la broma, la declaración de Jorge Verstrynge, en aquel entonces diputado de Alianza Popular, quien confirma la presencia de estos elementos verídicos afirmando lo que contamos es falso pero no totalmente falso.

El mensaje implícito que se pretende transmitir a través de este falso documental, es que no todo lo que sale en la televisión implica que sea necesariamente la verdad. De hecho, en esta sociedad global en la que priman las comunicaciones, parece ser que lo que no sale en televisión sencillamente no existe, por lo que se podría deducir que cualquier tipo de proyecto existe si hay televisión[1]. Por tanto, si antes la máxima era cogito ero sum[2] (pienso luego existo) ahora podría ser si apparet ergo existit es decir, si aparece, luego existe.

La historia de la comunicación está llena de manipulaciones. Uno de los casos más sonados sucedió en 1990, en plena caída de los regímenes de Europa del Este, con el presunto vídeo de la masacre de Timirsoara perpetrada por el dictador rumano Nicolae Ceacescu[3]. Veinte años después de difundido el vídeo, se reconoció que se trataba de cadáveres sustraídos de obituarios. Sin embargo estas imágenes lograron su cometido: dieron la vuelta del mundo provocando la indignación de la opinión publica a la que luego se olvidaron de informar que se trataba de una manipulación.

Otro caso fue el discurso de las presuntas armas químicas del dictador Sadam Hussein, que incluso el propio Secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, admitió que se trataba de una acusación falsa. A la fiesta manipulativa se sumaron los medios de comunicación conservadores que habían alertado sobre esta presunta amenaza hasta el cansancio, dedicando muy poco tiempo a la retractación una vez conocida la verdad, y enfocándose más en subrayar cómo el tirano iraquí utilizó armas químicas contra los kurdos después de que en 1991 se hubo retirado el ejército iraquí de Kuwait.

Entre lo cómico y la manipulación, se puede mencionar a Mohammed Saeed al-Sahhaf, ministro de comunicación iraquí, quien durante los bombardeos de las fuerzas anglo-americanas del 2003 afirmaba que todo iba bien y que estaban respondiendo con al ataque con éxito[4].

No muy diferentes son las numerosas equivocaciones que cometen muy a menudo los telediarios, el último y más sonado el de la TVE (Televisión Pública Española), que mostró un video de violentas protestas en Atenas como si se tratara de los disturbios ocurridos en Burgos. En estos casos los espectadores asumen que la noticia es verdadera y no sospechan nada. En este sentido la recomendación de Jordi Évole es la de no creerse todo lo que escuchamos o vemos en los medios. Como espectadores, al menos debemos plantearnos la comprobación en otros medios, aprovechando las ventajas que hoy nos ofrece la web, para así al menos contrastar la información y no caer en aseveraciones erróneas y manipuladas.

Personalmente he visto el documental y considero ingratas e injustas las críticas de los moralistas de la información, aquellos que se indignan con este engaño en particular y no con las manipulaciones que en general realizan los medios, como la última antes comentada de TVE en relación a lo sucedido en Burgos.

El argumento de la presunta frivolidad con la cual se habría tratado el tema del fallido golpe, es también inconsistente. En este sentido, los puntos de reflexión ofrecidos por el programa son evidentes: en primer lugar, la razón que llevó a imponer una condena tan blanda a Tejero en 1979, condenado sólo a siete meses de cárcel por el intento de golpe de Estado de la denominada Operación Galaxia; además de la falta de control posterior por parte de los servicios secretos para evitar que se repitiera. En segundo lugar, el cuestionamiento del discurso que dio el Rey Juan Carlos I, considerado demasiado perfecto, a tal punto que éste parecía que hubiera sido preparado antes del 23-F.                 

En tercer lugar, las circunstancias opacas y confusas de la dimisión de Adolfo Suárez, que determinaron la reunión de la Cámara el 23 de Febrero para votar la investidura como Presidente del Gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo durante la cual se perpetró el intento de golpe. En cuarto y último lugar, la razón por la cual el Tribunal Supremo no autoriza la consulta pública del expediente hasta que no hayan transcurrido veinticinco años de la muerte de los procesados o cincuenta años desde el golpe: es decir, se enterarán recién nuestros nietos.

En conclusión, el verdadero peligro no está constituido por programas como Operación Palace, que al final confiesan su propósito, sino por la desinformación cotidiana a la que nos someten desde los telediarios, que con un lento mitridatismo[5], influencian y manipulan las creencias de los ignotos espectadores.


Notas
[1] Andreu Mayoyo –Catedrático Historia Contemp. UB.
[2] Renatus Cartesius (1596/1650)
[3] http://www.voltairenet.org/article180544.html
[4] http://www.youtube.com/watch?v=yfAeMtcURg0  / http://en.wikipedia.org/wiki/Muhammad_Saeed_al-Sahhaf

[5] El mitridatismo  es una  práctica de protección de uno mismo contra un veneno auto-administrándose poco a poco cantidades de veneno no letales. La palabra deriva de Mitrídates VI ,Rey del Ponto (Norte-Este de Turquía),  que al temer ser envenenado ingería  con regularidad pequeñas dosis, con el objetivo de desarrollar la inmunidad  a este veneno. La leyenda apunta que ,después de haber sido derrotado por Cneo Pompeyo Magno (106-48 AC),  Mithridates trató de cometer un suicidio utilizando veneno, pero a causa de su inmunidad tuvo que recurrir a un mercenario para hacerse matar.

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Sobre el Autor


Abogado en España e Italia, ha realizado el Máster en Derecho de la Unión Europea en la Universidad Carlos III de Madrid y el Máster en Derechos Humanos y Gobernanza en la UAM. Hace cinco años se trasladó a estudiar y vivir a España, aunque sigue trabajando en ambos países. Actualmente divide su tiempo entre el ejercicio de la abogacía como autónomo y la colaboración en la Fundación Internacional Baltasar Garzón (FIBGAR).