Las líneas abismales de occidente

Publicado el 2015-05-04 » 4103 Views» Por Huáscar Sologuren » África, Archivo, Derechos fundamentales, Dignidad, Migración

"Hasta aquí..." Roberto Carlos Pecino Martínez vía Flickr (CC BY-NC-ND 2.0)

“Hasta aquí…” Roberto Carlos Pecino Martínez vía Flickr (CC BY-NC-ND 2.0)

Mucho tiempo atrás, en los albores de la modernidad, ya existían míticas líneas abismales para el imaginario europeo. Más allá del Cabo Bojador, en las costas saharianas, se extendía el temido “mar tenebroso”, un mar oscuro plagado de monstruos  imposibles y de un abismo final donde los intrépidos navegantes europeos desbordaban, no volviendo jamás al viejo continente. Tan sólo el ímpetu de los marineros portugueses por encontrar nuevas rutas hacia la india consiguieron superar estas líneas; Gil Enaes supera el cabo Bojador en 1434, el mar tenebroso se transformará en el océano Atlántico, la navegación del contorno de África se abriría, comenzando así la turbulenta historia europea de las “indias orientales”. Pero haber superados dichas líneas físicas no significaría superar las líneas ideológicas; la cuestión de la humanidad de los habitantes de las costas africanas se solventaría inicialmente en 1452, con la bula de papal “dum diversas”, por la cual el pontífice Nicolás V daba potestad al rey de Portugal para conquistar a todo aquellos paganos y sarracenos que encontrase y, someterlos “a la esclavitud perpetua”(1).

No mucho tiempo atrás, en la época de la sed inmutable de los colonos americanos por el oro y la plata de Arizona y Nuevo México, el forajido Billy, llamado el niño por su extrema juventud, se jartaba de haber matado a veintiún hombres, -“sin contar indios ni mejicanos”(2). 

Estas historias celebran la expansión de ciertas líneas físicas del “progreso occidental”. La conquista de las rutas marítimas de la modernidad, la conquista del oeste americano en la contemporaneidad. Sin embargo, las líneas ideológicas se niegan a avanzar, la invisibilización de los nativos se consagra, la universalización de la humanidad se resiste.

Ahora bien, queda cuestionar dónde se encuentras dichas líneas ideológicas de invisibilización, de negación de la universalización de la dignidad humana, en los tiempos posmodernos, es decir, en los tiempos actuales de la globalización del planeta.

Según el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos, “el pensamiento occidental moderno es un pensamiento abismal”, con esto el profesor de Coímbra quiere resaltar que el pensamiento occidental ha establecido ciertas líneas radicales “que dividen la realidad social en dos universos, el universo de este lado de la línea y el universo del otro lado de la línea. La división es tal que el otro lado de la línea desaparece como realidad, se convierte en no existente, y de hecho es producido como no existente”(3).

Estas invisibilidades, estas ausencias serían consecuencia lógica de la histórica actitud universalista de occidente;  la voluntad de helenizar, romanizar, cristianizar, desarrollar o globalizar el mundo. El mito de la universalización siempre acompañó a Europa y sus herederos predilectos, sin embargo, sería una universalización etnocentrista: había un posible reconocimiento al “buen salvaje”, siempre y cuando éste, tuviese la prudente voluntad de parecerse a nosotros. ¿Dónde se encuentran esas líneas ahora, en el incipiente siglo XXI? ¿Hacia dónde se mueven esas “líneas abismales” de Boaventura en nuestra sociedad globalizada de los DDHH universalmente declarados?

El 7 de enero la organización terrorista Al-Qaeda atentó contra la redacción del semanario satírico francés Charlie Hebdo en París; su balance 11 muertos. El 24 de marzo de 2015 un avión de la aerolínea germana Germanwings se estrella en los Alpes franceses; resultado de 150 muertes.

El 2 de abril de 2015 el grupo yihadista somalí  Al Shabab atenta contra la universidad de Garissa en Kenia; su balance 147 estudiantes muertos. El 14 abril de 2015 naufraga en el mediterráneo al norte de Libia una embarcación de inmigrantes africanos; resultado aproximadamente 400 muertes, consagrando al Mar Mediterráneo como una gran fosa común.

La cuestión de fondo, la filosofía profunda, sería plantearse si realmente existen en nuestro tiempo esas “líneas abismales” en el imaginario occidental. En los casos de Charlie Hebdo y Germanwings, “a este lado de la línea”, los telediarios abrieron refulgentes como truenos atronadores sus ediciones dando todo tipo detalles. La prensa se precipitó en sus ansiosas rotativas a identificar las humanidades truncadas por la tragedia y a buscar inquisitorialmente a los imperdonables culpables. Las tertulias televisivas, las conversaciones de pasillo y cafetería, parecían tener al unísono las mismas tristes melodías sobre los luctuosos acontecimientos. De pocas otras cosas se hablaba.

Sin embargo, “al otro lado de la línea”, las noticias parecían informar sobre una desafortunada ocurrencia acaecida en lugares inhóspitos. Tras la cifras no parece haber vidas individuales destruidas, sino más bien, macabras estadísticas que por su inconcebible desdicha eran necesarias olvidar. Al “otro lado de la línea” se construye una barrera donde la universal dignidad del humano se evapora, no se les reconoce como iguales. Las medidas a tomar para frenar nuevas tragedias sólo forman parte de discursos elocuentes por parte de las pertinentes autoridades, discursos que se abandonan al ocaso del día y, el “otro lado de la línea” vuelve a su abnegada invisibilidad.

Frecuentes teorías sociológicas apuntan a cambios trascendentes en nuestra coetánea sociedad globalizada (4). Crisis sistémica y bifurcación; donde las fuerzas sociales entrarán en dialéctica para conformar los designios del futuro sistema social por venir. En este contexto según Boaventura Sosa Santos entra en liza dos tipos de globalización: una globalización descendente, desde arriba, participada por las grandes trasnacionales, las instituciones financieras internacionales y los grandes capitales. Es el “espíritu de Davos”, que pretende que el mercado sea el único socializador global. Frente a esta fuerza social, se levanta el denominado “espíritu de Porto Alegre y del Foro Social Mundial”, una globalización ascendente, una fuerza de los de abajo, que pretende el igual reconocimiento de todas las manifestaciones culturales, que celebra la vida, respeta la tierra y valora los conocimientos ancestrales de las comunidades indígenas.

De dicha confluencia, del encuentro de estos dos movimientos, dependerá el futuro de nuestro mundo y de sus “líneas abismales”. De que el mítico “Mar Tenebroso” anegue a la humanidad, o que la historia del igual reconocimiento entre los humanos triunfe, construyendo un “Mare Nostrum” que celebre la diferentes manifestaciones de su diversidad.


Notas

(1)  Rodriguez, Junius P. (1997) The historical Encyclopedia Of World Slavery. California. ABC-CLIO.

(2) Borges, Jorge Luis. (1974) “El asesino desinteresado Bill Harrigan”. Historia universal de la infamia. Barcelona. Alianza Editorial.

(3) Santos, Boaventura de Sousa. (2010)  Para descolonizar occidente. Buenos Aires. CLAPSO. (pg. 11-12)

(4) Véase:

-Arrighi, G. y Silver, B. (2001) Caos y orden en el sistema-mundo moderno. Madrid. Ediciones Akal.

-Habermas, J  (1999) Problemas de legitimación en el capitalismo tardío. Madrid. Ediciones Cátedra.

-Wallerstein, I. (2004) Capitalismo histórico y movimientos antisistémicos. Madrid. Editorial Akal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Sobre el Autor


Licenciado en ADE por la universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Máster en Cooperación Internacional y Gestión de Proyectos por la Ortega. Máster en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos en la UAM. Graduando en Antropología Social y Cultural en la UNED. En los movimineto sociales participo en la Plataforma para una Auditoria Ciudadana de la Deuda (PACD).