Sankara, la deuda y el fin del tercer mundo

Publicado el 2015-10-26 » 1543 Views» Por Huáscar Sologuren » África, Democratización, Derechos Humanos, Dignidad

Fachada del Café Sankara de Bayona, Francia, en homenaje al líder burkinés. Adrar vía Wikipedia (CC BY-SA 3.0)

Fachada del Café Sankara de Bayona, Francia, en homenaje al líder burkinés. Adrar vía Wikipedia (CC BY-SA 3.0)

El alborear del Tercer Mundo

Con el desgarrado grito de “liberté ou la mort” nació el Tercer Mundo. En una insólita isla del Caribe, los esclavos negros de Saint-Domingue liderados por Toussaint Louverture y Dessalines, iniciaron una revolución a sangre y fuego que culminó en 1804  con la abolición de la esclavitud en las colonias francesas, la proclamación de la primera nación ex colonial del sur del planeta en la república de Haití y la consolidación del sentido de “negritud” como un sentimiento compartido por los pueblos oprimidos del mundo. Así, los “jacobinos negros” iniciarían una tendencia que se extendería por el Caribe y América Latina. Los movimientos de liberación nacional enfrentados a la lógica del sistema colonial de la modernidad tendrían un profundo impacto en la concepción de la libertad humana y la democracia.   

El Tercer Mundo como proyecto político

Aunque las naciones liberadas del férreo dominio colonial ensancharan el mundo a lo largo del siglo XIX y primera mitad del XX, no fue hasta 1952 que el sociólogo francés Alfred Sauvy les diese su celebérrimo nombre. En su artículo “Tres mundos, un planeta” (1) Sauvy destacaba, debido al proceso de descolonización de los países africanos y del sudeste asiático, la nueva presencia  de naciones “subdesarrolladas”, “explotadas” y al margen del nuevo orden internacional regido entre la polaridad de las potencias capitalistas y comunistas, es decir, entre el primer y el segundo mundo. La utilización por parte del sociólogo francés de Tercer Mundo no fue fortuita, ya que este quiso hacer un oportuno paralelismo con el contexto de la Revolución Francesa, donde una gran masa, el Tercer Estado, se enfrentaba a un minoritario poder omnímodo, el Primer Estado. En el nuevo contexto de las relaciones internacionales de mitad del siglo XX, un Tercer Mundo enfrentado a un Primer Mundo. Estas nuevas “naciones oscuras”, como las llama el profesor Vijay Prashad,  parecían estar condenadas a los márgenes de la historia, pero la férrea voluntad de sus pobladores consiguieron el reconocimiento dentro de la ONU con la histórica resolución de la Asamblea General 1514(XIV) de 1960 (2) intensamente anticolonialista, que iniciaba un proceso descolonizador amplio y que declaraba “que todos los pueblos tienen derecho a la libre determinación, a determinar libremente su condición política y perseguir libremente su desarrollo económico, social y cultural”. Desde ese mismo momento “el Tercer Mundo no fue un lugar. Fue un proyecto” (3). Las naciones liberadas de África, Asia y América Latina se embarcarían en una lucha común que canalizarían a través de organizaciones como G77, la UNTAC, la CEPAL y sobre todo por el Movimiento de Países no Alineados (NOAL). Sus líderes, Nehru (India), Nasser (Egipto), Tito (Yugoslavia), Sukarno (Indonesia), Nkrumah (Ghana) y Castro (Cuba). Desde los 60 a los 80 realizarían conferencias en Bandung, El Cairo, Buenos Aires, Belgrado o La Habana. Sus objetivos: el reconocimiento de los Derechos Humanos para todos los pueblos del mundo, la lucha contra la desigualdad y la opresión entre países ricos y pobres, el reconocimiento de la igual dignidad entre todos los humanos y la necesaria satisfacción de las necesidades básicas para la vida: Tierra, paz y libertad.

Parecería que las “naciones oscuras” a lo largo de los años sesenta fuesen conscientes de sí mismas y enarbolasen dicha conciencia para iniciar su luchas dentro de los foros internacionales. Expresado en términos hegelianos, el Tercer Mundo paso de ser una conciencia en sí, a ser una conciencia para sí. Los años 60 y 70 fueron dos décadas de grandes esperanzas y victorias, los nuevos pueblos reivindicaban su reconocimiento dentro del mudo y votaban sistemáticamente juntos en la Asamblea General de la ONU a favor de resoluciones que guiasen a sus pueblos a la dignidad. En 1979, 95 países eran miembros del NOAL y tras su sexta conferencia en La Habana, Fidel Castro como representante del NOAL pronunció un discurso histórico en el foro de la asamblea general (4). El mensaje era claro, las naciones pobres del mundo no pueden seguir tolerando “un orden económico internacional especulativo que nadie entiende”, que “el intercambio desigual arruina nuestros pueblos, y debe cesar” y  que “la deuda de los países pobres son insoportables y no tienen solución; las deudas deben ser canceladas”. El Tercer Mundo parecía firme en su  camino por la conquista de la dignidad.

La contrarrevolución neoliberal

Al igual que a inicios del siglo XIX la Revolución Francesa tuvo su contrapartida contrarrevolucionaria en el acervo de la restauración absolutista en contra de la voluntad del Tercer Estado, en los años 70 del siglo XX se inició una contrarrevolución de vuelos financieros contra la voluntad del Tercer Mundo. La crisis del sistema fordista, el abandono del patrón oro por parte de la Reserva federal de los EEUU en 1971 y la imposibilidad de los Estados de manejar la estanflación -producto de la crisis del petróleo en 1973- con políticas tradicionales de corte keynesiano, crearon el caldo de cultivo necesario para un giro radical en la economía internacional. Las nuevas estrellas del firmamento económico, Friedman y Hayek alumbrados por el resplandor del Nobel en economía, impulsarían al planeta al modelo neoliberal. La tradicional política de pleno empleo sería abandonada por la necesidad de mantener bajos los tipos de interés, la IFIs (banco Mundial y Fondo Monetario Internacional) mutarían obedientemente en los años 80 sus políticas keynesianas por las neoliberales, y la liberalización de los mercados vendría a convertirse en la mayor las necesidades. “La revolución keynesiana había pasado a mejor vida. En la historia de la economía, a la era de John Maynard Keynes le sucedió la era de Milton Friedman” (5), o como escribió Harvey: “el neoliberalismo surgió como proyecto político para restablecer las condiciones de acumulación de capital y restaurar el poder de las élites económicas” (6).

La restauración contra el Tercer Mundo parecía firme. Las IFIs se guiarían por criterios neoliberales, cada vez más universidades de “prestigio” se harían fans de los “Chicago Boys” y los estados hegemónicos Reino Unido y EEUU tendrían a sus más solícitos aprendices del “nuevo orden económico” en las figuras de Thatcher y Reagan. Esta moderna “Santa Alianza” innovaría con armas financieras: endeudamiento en dólares de los países pobres a través del reciclaje de los petrodólares y de préstamos a través del BM (7), subida deliberada de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal de los EEUU (8) y especulación con materias primas provocando la caída del precio de esta en los mercados internacionales. La claudicación se daría en 1982, México se declararía en default, le seguirían Argentina y Brasil. La crisis de la deuda del Tercer Mundo había explotado. Lo siguiente sería las tristes tribulaciones de las Políticas de Ajuste Estructural (PAE) del FMI y la fúnebre historia de las “décadas perdidas” para los pueblos del Sur.

“El informe de la Comisión del Sur, publicado en 1990 dictaminó que las estrategias de ajuste estructural de la globalización impulsada por el FMI debilitaron al Tercer Mundo como fuerza política. La UNCTAD, el G77, el NOAL y otros foros y organismos internacionales se desvanecerían hasta volverse insignificantes. No quedaría en pié ninguna fuerza política creíble que abogara por una abolición de la deuda o por una estrategia de ayuda social para el planeta en su conjunto. El Sur carecería de control sobre el Norte y no tenía siquiera la capacidad necesaria para introducir y activar cuestiones de interés colectivo. El Tercer Mundo, por así decirlo, se había disuelto” (9).

“Somos los herederos de todas las revoluciones del mundo”

En el ocaso del Tercer Mundo como proyecto político, un último eco desesperado de rebeldía se haría notar en la voz de Thomas Sankara, líder revolucionario de Burkina Faso. Dentro del foro de la 25ª Conferencia en la Cumbre de la Organización de la Unidad Africana (OUA) en Addis Abeba el 29 de Julio de 1987, Sankara pronunció un contundente discurso en contra de la deuda externa de los países africanos (10). “La deuda es un mecanismo de neocolonialismo”, “los países del Tercer Mundo no son responsables de sus deudas” y “el pago de la deuda supondrá la muerte de los pueblos del sur. Conclusión: la deuda ni debe ni puede pagarse. Para ello, Sankara propone a la asamblea crear “el club de Addis Abeba” frente al “Consenso de Washington” y manifestó unas palabras que parecieron ser proféticas: “Si Burkina Faso se mantiene sola rechazando la deuda yo no estaré en la siguiente conferencia”. Sankara salió sólo de aquella cumbre. Sankara sería asesinado dos meses después en Burkina Faso el 15 de octubre, debido a un traicionero golpe de estado organizado por su “compañero de armas” Compaoré, apoyado por la potencias occidentales.

¿Fin del Tercer Mundo? ¿Fin de la Historia, como aseguraba Fukuyama después de la caída del Muro de Berlín en 1989?

No mucho tiempo atrás en la 39ª Asamblea del 4 de octubre ONU de 1984 Sankara declaró sentirse hablar en nombre de todos los “abandonados” porque nada humano le era ajeno. De querer ser “heredero de todas las revoluciones del Mundo”, de tener la conciencia de que los pueblos oprimidos del planeta han aprendido de la Revolución Americana y Francesa, y de todos los procesos de liberación nacional. Y que por lo tanto, “sólo la lucha libera” (11).

Las “naciones oscuras” nunca podrán ser derrotadas, porque nunca podrá ser acallado de sus pueblos aquel remoto grito de libertad que los “jacobinos negros” pronunciaron en el alumbramiento del Tercer Mundo; “liberte ou la mort!!”     


(1) Artículo de Sauvy:  http://www.homme-moderne.org/societe/demo/sauvy/3mondes.html

(2) Resolución 1514 (XV): http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/RES/1514%28XV%29

(3) Prashad, V. (2012) Las naciones oscuras. Una historia del Tercer Mundo. Barcelona. Ediciones Península.

(4) Discurso de Fidel Castro como representante de la NOAL en la 31 sección de la asamblea General de la ONU de 1979: https://www.youtube.com/watch?v=9N1LGKNRzXs

(5) Galbraith J.K. (1989). Historia de la economía. Barcelona. Editorial Ariel.(pg. 300)

(6) Harvey D. (2005) Breve historia del neoliberalismo. Madrid. Akal. (pg. 24)

(7) En 1970 los Estados de renta baja debían a las IFIs 25000 millones de $. En 2000 523000 millones. Durante esas décadas esos países pagaron 550000 millones en concepto de servicio de la deuda sobre unos préstamos de contraídos por 5400000 millones y aún se continúa debiendo 523000 millones.  Prashad, V. (2012) (pg. 457)

(8) La Reserva Federal pasó de unos tipos de interés del 2% en 1970 a un 8,1% en 1981. Toussaint E. y Millet D. (2009) 60 preguntas. 60 respuestas sobre la deuda, el FMI y el Banco Mundial. Barcelona. Icaria. (pg. 77)

(9) Prashad, V. (2012)(pg. 259)

(10) http://cadtm.org/Discurso-de-Thomas-Sankara-sobre

(11) Discurso en francés: https://www.youtube.com/watch?v=Mv5TPUL1NcU. Para una transcripción al castellano: Sankara T. (2007) Somos los herederos de las revoluciones del mundo. Discursos de la revolución de Burkina Faso 1983-1987. USA. Pathfinder Press. (pg.  61-85)

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Sobre el Autor


Licenciado en ADE por la universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Máster en Cooperación Internacional y Gestión de Proyectos por la Ortega. Máster en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos en la UAM. Graduando en Antropología Social y Cultural en la UNED. En los movimineto sociales participo en la Plataforma para una Auditoria Ciudadana de la Deuda (PACD).